07/09/2026
PERFILANDO
CASO ZENYAZEN, LA PRUEBA QUE MUCHOS YA REPROBARON
Por Iván Calderón
Hay momentos en los que una sociedad entera queda frente al espejo.
Y el fallecimiento del diputado federal Zenyazen Escobar García es uno de ellos.
No solamente porque las circunstancias de su deceso tendrán que ser esclarecidas hasta sus últimas consecuencias, sino porque este caso pondrá a prueba prácticamente a todos.
Al Gobierno Federal.
Al Gobierno de Veracruz.
A las fiscalías.
A las instituciones.
A MORENA.
A la oposición.
A los medios de comunicación.
Y también a nosotros, como sociedad.
El problema es que algunos ya comenzaron a reprobar.
Porque ni siquiera habían terminado las primeras diligencias cuando ya había quienes tenían culpables, móviles, teorías y hasta sentencias.
En las redes sociales aparecieron investigadores de ocasión, peritos improvisados y especialistas que, sin haber participado en una sola diligencia, parecían conocer más que quienes integraban la carpeta.
Y no.
La justicia necesita pruebas, mientras que la política necesita versiones.
Y algunos han preferido las versiones.
Por eso también hay que aclarar algo que interesadamente se ha querido distorsionar.
La Fiscalía General de la República atrajo la investigación y prácticamente de inmediato hubo quienes intentaron presentar esa decisión como una señal de desconfianza hacia el Gobierno de Veracruz o hacia la Fiscalía General del Estado.
No necesariamente.
La propia FGR informó que asumía la investigación dada la calidad de legislador federal de Zenyazen Escobar.
Así de sencillo.
No hay necesidad de construir una supuesta desconfianza.
Pero en estos tiempos parece que la explicación sencilla vende menos que la conspiración.
Y precisamente ahí comienza otra de las grandes pruebas de este caso.
La responsabilidad.
Mientras una familia enfrenta probablemente las horas más dolorosas de su vida, comenzaron a circular imágenes de Zenyazen dentro del vehículo donde fue localizado.
¿Era necesario? ¿A quién beneficiaba? ¿Qué aportaba periodísticamente? ¿Dónde quedó el respeto?
La Ley General de Víctimas reconoce la dignidad, la privacidad y la intimidad de las víctimas.
Pero para algunos pareció importar más el clic, la primicia, el morbo, la fotografía capaz de generar miles de interacciones.
Detrás de aquella imagen había un ser humano.
Había una esposa.
Había hijas.
Había una familia que acababa de recibir una noticia devastadora.
Eso algunos lo olvidaron.
O decidieron olvidarlo.
Pero hubo más.
Mucho más.
Porque mientras una familia despide a uno de los suyos, hubo quienes aparentemente tampoco pudieron guardar las formas frente al dolor ajeno.
Ahí está, por ejemplo, el caso de Miguel Ángel Macías Parra, ex colaborador de Américo Zúñiga y de Marlon Ramírez Marín.
Un personaje que militó durante más de 28 años en el PRI, que llegó a ocupar responsabilidades dentro de ese partido y que posteriormente encontró acomodo político en Movimiento Ciudadano, por invitación directa del saca ebrios de Luis Carbonell y de Dante Delgado.
Macías Parra no es precisamente un recién llegado a la política.
Sabe perfectamente lo que representa un funeral.
Sabe lo que significa el duelo de una familia.
Y sabe también que existen momentos para hacer política y momentos para guardar respeto.
Por eso, si como muestran las imágenes difundidas públicamente, decidió acudir a las inmediaciones de Bosques del Recuerdo para grabar contenido político mientras ahí era despedido el legislador, el juicio sobre semejante conducta corresponde a la sociedad.
¿De verdad era el momento?
¿De verdad era el lugar?
¿No podía esperar?
¿Hasta dónde hemos llegado para que la tragedia de otro pueda convertirse en escenario de posicionamiento político?
Eso no fortalece a una oposición.
La empequeñece.
Porque ser oposición no significa oponerse hasta al dolor.
Y aquí vale hacer una distinción fundamental.
Una cosa es cuestionar al gobierno.
Otra exigir resultados.
Otra denunciar.
Otra investigar.
Y otra muy diferente intentar obtener rentabilidad política mientras una familia está despidiendo a uno de los suyos.
Hay momentos para las diferencias.
Ese no era uno de ellos.
Pero todavía hubo algo peor.
Hubo quienes celebraron.
Sí, celebraron.
Personas que externaron satisfacción por el fallecimiento de un hombre simplemente porque militaba en MORENA, porque había formado parte de la Cuarta Transformación, porque había ocupado cargos públicos o sencillamente porque les caía mal.
Y ahí es donde la política deja de ser política.
Porque se puede estar en contra de Zenyazen Escobar, se puede cuestionar su trayectoria, se pueden criticar sus decisiones, se pueden investigar sus actos como servidor público, se puede escribir la columna más dura sobre su paso por el poder.
Eso se llama libertad.
Eso se llama democracia.
Pero alegrarse por la pérdida de una vida es otra cosa.
Y dice mucho más de quien celebra que de quien se fue.
No importa si quien fallece pertenece a MORENA, al PAN, al PRI, a Movimiento Ciudadano o a ningún partido.
No importa si era de izquierda o de derecha.
No importa si nos agradaba o nos resultaba profundamente antipático.
Existe una frontera que ninguna diferencia política debería cruzar.
Se llama humanidad.
Por eso este caso pondrá a prueba también a la oposición.
Una oposición responsable tiene absolutamente todo el derecho de exigir resultados.
Debe exigir una investigación profunda.
Debe vigilar a las autoridades.
Debe preguntar.
Debe cuestionar.
Debe señalar cualquier contradicción que encuentre.
Para eso existe.
Pero una cosa es exigir justicia y otra intentar convertir una tragedia en rentabilidad política antes de conocer siquiera las conclusiones de las autoridades.
No todo vale.
Y aquí está quizá el punto que debería unirnos.
El fallecimiento de un actor político, de un servidor público o de cualquier veracruzano no debería convertirse automáticamente en otra trinchera desde donde dispararnos unos contra otros.
Debería provocar exactamente lo contrario.
Que Gobierno Federal, Gobierno estatal, partidos políticos, oposición, medios y sociedad coincidamos al menos en una cosa:
Que se esclarezca, que se investigue, que se conozca la verdad.
Después vendrán los cuestionamientos.
Después cada fuerza política podrá fijar su posición.
Pero primero los hechos, primero la investigación, primero la verdad.
Y también será una prueba para nosotros, los periodistas.
Informar no significa exhibir.
Investigar no significa vulnerar.
Dar una primicia no significa perder la sensibilidad.
Mucho menos convertir el dolor de una familia en mercancía digital.
Podemos competir por la noticia.
Podemos cuestionar al poder.
Podemos investigar cada circunstancia alrededor del caso.
Podemos exigir respuestas.
Eso forma parte de nuestro trabajo.
Pero existe una diferencia enorme entre periodismo y morbo.
Zenyazen Escobar ya no puede responder a sus críticos, ya no puede defenderse, ya no puede explicar nada.
Las autoridades tendrán que establecer qué ocurrió.
Hasta entonces deberíamos tener la suficiente responsabilidad para distinguir entre información confirmada, indicios, versiones y especulación.
Porque la verdadera prueba de humanidad no llega cuando la tragedia alcanza a alguien que admiramos.
Eso es fácil.
La verdadera prueba llega cuando alcanza a alguien con quien no coincidíamos.
A alguien que criticábamos.
A alguien que pertenecía al partido contrario.
A alguien que simplemente no nos caía bien.
Ahí se conoce la estatura humana.
Y algunos, lamentablemente, ya enseñaron la suya.
@IvanKalderon
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