04/04/2026
Eso decía Kenia Michelle Cordero Ramírez al interior de los barrotes del CERESO de Coatzacoalcos, en donde estuvo presa hasta hace unos días, purgando una pena, primero por delitos contra la salud, y después, por dejar de firmar el libro de reos.
Al salir de la cárcel, se abrió un tiempo de Minatitlán, pero en estas vacaciones regresó pensando que los sicarios que la tenían sentenciada ya no le harían nada.
Pero se la cumplieron.
Su cadáver quedó tendido en calles de la colonia Santa Clara, de Minatitlán, los pistoleros que viajaban en moto le dieron cuatro disparos en la vía pública, cuando ella en un descuido bajó la guardia para ir a la tienda.
Aún tuvieron tiempo de darle el tiro de gracia.
Toda esa escena de terror fue presenciada por su madre, quien no daba crédito a la desgracia que se dibujaba delante de sus ojos.
Sus peores temores se hacían realidad, que su hija, con la que llevaba muchos años batallando por su andar en los caminos torcidos de la delincuencia, y su fuerte adicción al cristal, fuera asesinada a sangre fría por los narcomenudistas que se están matando entre ellos en el sur de Veracruz.
Actualmente, el grupo Mafia Veracruzana, Grupo Cobra y el Cártel de Jalisco Nueva Generación mantienen una batalla sangrienta por el huachicol y el control del tráfico de sustancias prohibidas desde Acayucan, Coatzacoalcos, Jáltipan, Minatitlán, Cosoleacaque, Las Choapas y Agua Dulce, etc.
En esta guerra sangrienta han sido numerosas las víctimas que han ido sumándose al saldo negro de la nueva faceta de violencia intestina que ocurre de manera cotidiana en el sur que no se cansa de ver horrores sin que nadie ponga un alto.
A finales de enero de 2026, antes de salir libre del CERESO de Coatza, Kenia Michelle Cordero Ramírez recibió la mala noticia del exterior, se decía que había sido asesinada por la delincuencia, y que habían abandonado su cuerpo con señales de violencia en la colonia Las Palmas, de Cosoleacaque.
Al principio se mostró intranquila, bastante nerviosa porque no paraban de llegarle avisos de que la prensa afuera del penal publicaba a bocajarro la noticia sobre su ejecución.
Pero todo fue falsa alarma, el cadáver que decían que era de Kenia Michelle Cordero Ramírez, resultó ser de otra joven con similares características física: Karla Lara España, una chica originaria de Jáltipan cuyo crimen sigue en la impunidad.
Al paso de los días, Kenia Michelle se fue tranquilizando y nunca pensó en salir a desmentir que ella se encontraba con vida, pensó que al quedar libre así iba a poder seguir su vida con normalidad y retomar su negocio, el que la puso la primera vez tras la rejas: la venta de droga al menudeo, especialmente cristal.
Fuentes de inteligencia militar, y de la policía, indican que Kenia Michelle Cordero Ramírez presuntamente tiraba droga por la libre, en el bajo mundo esa modalidad es conocida como“chapulinear”, un chapulín es un delincuente que vende droga sin comprarla con el grupo que controla la plaza, la consiguen directamente con distribuidores independientes, o venden droga de otros grupos delictivos, y eso les deja más ganancias, lo que causa celo entre otros narcomenudistas.
Y después de los traidores, los dedos y los ladrones, el ser chapulín es uno de los peores pecados dentro del mundo delictivo y siempre se paga con sangre.
Hasta ahora la principal línea de investigación que siguen las autoridades en torno a su homicidio, es un ajuste de cuentas ordenado por algún grupo de la delincuencia que detectó que Kenia Michelle Cordero Ramírez era presunta chapulina.
En 2024, Kenia Michelle Cordero Ramírez fue detenida e ingresada al penal de Coatzacoalcos, había sido imputada por delitos contra la salud, por los beneficios del sistema penal, con mucho sacrificio y deudas que contrajo su madre para sacarla de la cárcel, ella pudo seguir su proceso acusatorio en libertad, periódicamente se tenía que presentar a los juzgados a firmar el libro de reos, como parte de su libertad condicional.
Pero por una recaída en el vicio, Kenia Michelle Cordero Ramírez dejó de ir a firmar el libro y le salió otra orden de aprehensión, y la volvieron a meter a la cárcel.
Su mamá se volvió a endrogar, hizo muchos esfuerzos para sacarla del encierro, ya que al momento de su detención, se encontraba muy afectada físicamente por el excesivo consumo de cristal, y la madre ya temía por su salud.
Cuando llega al CERESO por segunda ocasión, Kenia Michelle Cordero Ramírez ya hablaba sola, estaba extrémente delgada, la chica bella, de gruesas e interminables piernas ya solo era una estampa cadavérica por tanto consumo de cristal.
Con todo y eso, el encierro en la cárcel le hizo bien, dejó de drogarse, y ganó peso. Poco a poco se mejoró, traía entre sus planes al salir de la cárcel invertirle un poco más a su estudio de tatuaje, por eso era conocida como “La Tatuadora”, su proyecto se quedó a medias, una salida a la tienda le costó la vida. Su madre que tanto la amaba y la sufría, fue testigo de todo.
Quienes la recuerdan, lo hacen con cariño pues no se trataba de una mala persona a pesar del mundo donde vivía atrapada por su adicción a las drogas, era muy educada, decente y correcta en sus expresiones, era raro escucharla decir una mala palabra, su recuerdo va a perdurar entre sus deudos.
En lo que va del año, han sido asesinadas más de 30 mujeres en el estado de Veracruz, tan solo en 2025, el Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres (OUVMujeres) documentó 73 feminicidios en Veracruz, a lo que se suman los homicidios dolosos y los que están claramente marcados por ajustes de cuentas entre grupos de la mafia, donde cada día es más activa la participación de la mujer.
Texto de: Ignacio Carvajal
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